De distopías y otras verdades

El trabajo de pensar puede liberar al pensamiento de lo que piensa en silencio y permitirle pensar de otro modo.

Michel Foucault, Historia de la sexualidad, vol. 2: El uso de los placeres.

Los Muruh eran gente sencilla. No sabían lo que eran los campos de cultivo y nunca habían visto una res, bueno, ni ningún animal salvo en algún cuadro abstracto. Comían proteínas plastificadas y bebían siropes vitaminados de colores refulgentes. Los Muruh vivían muy bien, era lo que se podría llamar la sociedad del extremo placer, no trabajaban, no estudiaban y no tenían la necesidad de hacer ejercicio, ya que su dieta libre de grasas los mantenía en forma. Su rutina consistía en consumir horas pegadas a pantallas gigantes de alta definición donde emitían las veinticuatro horas programas de telerrealidad o en pasear por falsos centros comerciales donde exhibían únicamente escaparates porque no había necesidad de comprar nada, los armarios de los Muruh ya tenían la ropa que debían vestir. Los Muruh vivían aislados en su burbuja particular del sobreestímulo y nada sabían de los habitantes de las Altas Esferas que eran los que, en verdad, controlaban las otras esferas. Esos desconocidos habitantes se nutrían de la ignorancia de los Muruh que vivían felices sin cuestionarse nada de su mundo circundante; se podría decir que los Muruh eran el programa de entretenimiento de telerrealidad que veían los habitantes de las Altas Esferas. Una mañana, una madre Muruh salía de uno de esos centros comerciales con su hijo pequeño de la mano. Doblando erróneamente una esquina, dieron a parar a un callejón de contenedores malolientes. Dentro de uno de ellos se agitaba ansioso un hombre muy sucio con ropas raídas. Aquel hombre al oír los pasos de la madre con su niño salió del interior con un movimiento brusco muy asustado. Se quedó callado mirando a la madre y al niño perfumados y repeinados. El niño con los ojos muy abiertos señaló al hombre y le preguntó a su madre: ¿Qué es eso, mamá? La madre muy contrariada tiró del brazo del niño y volviendo tras sus pasos muy deprisa le contestó: ¡Déjalo! ¿No ves que es un perro?

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Periferia, 1921-1922. Óleo sobre lienzo (54 x 54 cm). Mario Sironi (1885-1961). Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Novecento italianoEl Novecento, Mario Sironi y la “Revolución fascista”.

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