#TrenMacondo LeTRAS

El amor de la A a la Z

Preguntas constantes, sí, semptiternas dudas alrededor de las mujeres y los hombres, del amor y del sexo. ¿Y las respuestas? ¿Dónde quedan? A veces, reflejadas en la narrativa, en las novelas románticas, tanto juveniles como adultas.

Ellos, tan varoniles; ellas, tan inocentes. Este ha sido un patrón por el que se han cortado, a lo largo de los últimos años, innumerables tramas que han cosechado éxitos y suspiros. Pero, de un tiempo a esta parte, venimos anhelando algo más. Ya no nos vale con el prototipo de chico frío, distante y desconfiado al que nos gustaría cambiar; ya no queremos a una chica inocente, cohibida y torpe; ya no nos apetece hablar del amor idílico; ya no «nos pone» censurar el sexo. Ya no… ¿o sí?

En la duda, de nuevo, surge el interrogante. Pensando en ello, analizando algunas novelas y recapacitando en voz alta y en silencio, comencé a titubear. Me resulta sencillo conversar sobre la representación de estas cuatro cuestiones en la novela romántica, sobre todo, porque tengo con quien. Mi diccionario particular, repleto de voces que han querido ayudarme a dejarnos de eufemismos y a centrarnos en los tabúes.

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Así, recapacitando mucho sobre el papel de los personajes masculinos en las novelas románticas, lancé esta pregunta: ¿Pensáis que se ha superado la barrera del «HombreRompecorazonesConPasadoTrágico» (concepto)? He de decir que, gratamente sorprendida, he encontrado respuestas dispares, lo que da mucho juego, dado que procuramos, con mayor o menor acierto, inculcar a las generaciones venideras unos ejemplos con los que, señores y señoras, no predicamos en la mayoría de los casos.

Alejandra Beneyto, autora de Pregúntame si me importas, me escribía:

Me gusta pensar que estamos en vías de superarlo. Cada vez hay más autoras que nos presentan un tipo de hombre que se sale de ese esquema. Me consta que muchas lectoras valoran la frescura que trae un protagonista masculino diferente.

La polémica podría surgir ahora, porque, ¿qué pasaría si se repitiese este tipo de personaje protagonista? Difícil decir algo que no active todas las alarmas, pero, ¿sería muy hipócrita por mi parte señalar que no trasmiten un mensaje sano de las relaciones afectivas cuando Mr. Rochester (Jane Eyre), despótico donde los haya, ha sido, y será, mi personaje masculino favorito? Me contesto yo sola: probablemente sí. Por otra parte, como dice Alejandra, salirse del esquema es bueno, crear nuevos modelos que no sean tachados de tiernos o «antimorbo» por el hecho de no poseer las características al uso. Crear personajes masculinos rompecorazones con un pasado trágico a veces es inevitable, ocurre en la romántica y en la mayoría de las novelas. Sussana Herrero, escritora de la saga Sara Summers, me comentaba:

Si la historia y el personaje están trabajados, mimados y evitamos caer en clichés, puede quedar algo muy bonito.

En efecto, coincido por una sencilla razón: creo que el problema no es el personaje en sí, sino perdonarle por asociar su comportamiento a algo que es ajeno a él, es decir, justificar su actitud y darla por heroica, por masculina, por atractiva a todos los efectos prácticos. Ya hablaba de esto en otro post, uno en el que recordaba la sensualidad y sexualidad que desprenden los protagonistas con cierto aire chulesco, gamberro. Nari Springfield, autora de Suburbios del sexo, colegía, a mi humilde parecer muy acertadamente, lo siguiente sobre el protagonista por excelencia:

Tiene un pasado ultra trágico que le hace un héroe a ojos de la protagonista. Y lo malo que le veo es que ese pasado nunca le repercute en algo realmente duro, solo en ser “más profundo” para ella (…), no tiene mayor relevancia que esa.

Por tanto, ahí está el quid de la cuestión: ¿No tenemos que crear ese tipo de personaje o tenemos que dar otra visión de él? ¿Es motivo de admiración que haga según qué cosas? ¿Se le disculpa todo por dañino y nocivo que sea?

África Ruh (A las puertas de Numancia y Una sombra en la aljama), una de mis escritoras predilectas, representa muy bien en sus novelas un tipo de personaje masculino que a mí, personalmente, me tiene cautivada, porque no deja de mostrarse como un ser humano que no pretende impresionar a nadie, en este caso a una mujer, con su rudeza o su masculinidad. No tiene nada que demostrar, no le asusta llorar y no deja de ser por ello un héroe, es más, diría que logra, sin incoherencia alguna, mostrar todavía más hombría, tal vez por la seguridad que le caracteriza. Ella me decía, en relación a esta primera cuestión:

Considero que somos muchas las autoras que intentamos crear personajes masculinos que respetan a las mujeres, que las consideran sus iguales y, además, poseen cualidades que rompen con el “hombre rompecorazones con pasado trágico”. ¿Qué cualidades son esas? Por ejemplo, el hecho de tener o haber tenido relaciones sanas con otras mujeres (sus madres, sus abuelas, hermanas, amigas…), ser vírgenes al principio de la novela (Jamie Fraser, sin ir más lejos [aclaro que es el protagonista de Outlander]), no ser necesariamente heterosexuales…

Como todo, y lo defiendo a rajatabla, el contexto de la novela puede remarcar a los personajes, sean estos masculinos o femeninos. De hecho, como lectora de Romántica, ha sido fácil darme cuenta de que hay mucho más que amor en este género, de ahí que haya surgido la siguiente pregunta: ¿Es difícil integrar otros temas de igual importancia y que no pasen desapercibidos a ojos del lector?

Mayte Esteban, escritora de Entre puntos suspensivos, me comentó algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, se trata de un aspecto fundamental. Añadía:

No concibo escribir sin un tema de fondo, y si queremos que se respete el género, habrá que esmerarse en esto. Como lectora, la novela sin tema no me llega.

Aquí también es donde, de nuevo, como ocurrió en El amor en los tiempos del hashtag, la entrada con la que inauguré mi espacio en la web, se ponía en tela de juicio el valor que tiene la novela romántica y las críticas que recibe. Así, no me extrañó nada encontrarme respuestas como la de Nari:

Aunque muchas autoras intentemos meter temas diversos, muchas veces no se valoran.

La de África

Pienso que la reducción de la novela romántica a simple historia de amor es un prejuicio de quienes no la leen habitualmente.

O la de Alejandra:

Creo que la clave está en encontrar el equilibrio entre los diferentes temas, lo que, sin duda, no siempre es tarea fácil. Hay que integrar todo aquello que se salga de la trama romántica con naturalidad.

No puedo negar lo evidente: abordar ciertos temas dentro del hilo narrativo de la novela romántica puede convertirse en una tarea ardua, pero no imposible. De hecho, me viene a la mente la novela de Marisa Sicilia, Tú en la sombra, que me pareció la conjunción perfecta de temas de actualidad que nos afecta a todos, como es la corrupción, y el personaje protagonista con pasado oscuro que muestra otra faceta distinta a la que cabría esperarnos. Por ello, hago un llamamiento a los lectores: entre líneas se esconde más de lo que hay entre los besos, que todos adoramos, damos, recibimos, contamos, escribimos. Sin embargo, insisto, hay más, nada es baladí. No penséis que lo que hacemos al escribir es rellenar las hojas que hay entre dramas y pasión.

Y hablando de pasión, no podía faltar el sexo, porque, otra cuestión criticada suele ser la sexualidad y la libertad que la circunda, pero, ¿cómo creéis que ha influido en las nuevas generaciones hablar sin tapujos del sexo desde la perspectiva femenina? Nada de tabúes, ya lo venía advirtiendo. Estamos acostumbrados a encontrar escenas con carga sexual en las novelas, algunas que pasan inadvertidas, otras que no nos dicen nada, unas terceras que pueden llegar a tener ciertos matices violentos; en algunos casos son la culminación del amor, en situaciones diferentes son el comienzo del mismo; a veces son tiernas y otras son ardientes; de vez en cuando correctas, cada vez más explícitas. Pero la pregunta, enmarcada en estos contextos, surge por la franqueza con la que la mujer ha pasado a hablar de sexo, a relatarlo en sus novelas, a expresarlo, a hacerlo.

Yo creo que ha influido positivamente. Las nuevas generaciones podemos acceder a la pornografía audiovisual con espantosa facilidad, por lo que me parece estupendo que existan otras ficciones que nos permitan explorar la sensualidad y la sexualidad desde perspectivas más humanas (y menos machistas). África Ruh

Mostrar este tipo de protagonistas ha iniciado una especie de efecto llamada. Cada vez es más frecuente que las lectoras busquen lecturas que hablen de mujeres independientes, con aspiraciones profesionales y con una vida sexual plena (…) Es cuestión de vivir la sexualidad con naturalidad. (Alejandra Beneyto)

Es importante que, por supuesto siempre desde el respeto, las nuevas generaciones se empapen a través del arte (escritura, pintura, cine…) de la sexualidad y de todo lo que la rodea. Y es positivo que se vea la interpretación femenina, no por ser mejor o diferente, sino porque es una más. (Sussana Herrero)

Haber superado esa barrera por la que las mujeres se han sentido reprimidas a lo largo de los siglos es esencial no solo dentro de la novela romántica, como apuntan mis compañeras escritoras, sino también por la proyección que esta visión de la sexualidad femenina tiene en los jóvenes lectores, en las mujeres y, aunque en muchas ocasiones se sorprendan, en los hombres.

Ahora bien, tampoco queda lejos la controversia, ya que, a veces caemos en el error de considerar que lo obsceno injustificado es representativo de esa falta de censura:

Creo que está bien haber superado un viejo tabú, pero yo empiezo a estar saturada de escenas demasiado explícitas. Necesito más elipsis, más historia y menos detalles en este tema. (Mayte Esteban)

Está bien que haya sexo, y creo que ha habido una buena evolución, es un paso más, pero aún nos queda terminar de despojarnos del tabú. (Nari Springfield)

Supongo que estas últimas reflexiones son necesarias, porque, es verdad, ¿de qué hablo cuando hablo de sexo? Hablo, y hablamos, de más que sentirnos despojadas del casto velo de la palabra que nos obligaba, hace unos años, a limitar la descripción a «su torso», «sus senos» o «hacer el amor». Fuera esas cadenas. De pronto, podemos caracterizar a una mujer como un ser libre de hacer y deshacer a su antojo, de entrar y salir, de conocer, desear y acostarse con un hombre o una mujer si quiere. Y eso es maravilloso, sin embargo, me ocurre, a veces, lo que a Mayte, no encuentro la razón de muchas, y muy seguidas, escenas sexuales que carecen, por lo menos para mí, de la excitación que desprenden otras menos explícitas. No estoy hablando de censura, es más, si la explicitación del sexo tiene su razón de ser en algo, en un momento posterior, comprendo que se haga.

En mi caso, y a modo de conclusión a estas ideas que siempre dejo para la reflexión de cada uno, escribir es dejar a un lado los prejuicios. Quizá tenga por costumbre crear personajes masculinos que, con sus defectos, representan unos valores que son los que yo considero positivos. He de decir que no quiero, nunca, pecar de idealización, todo lo contrario; sin embargo, tampoco me nace marcar a fuego a un personaje que sea admirado y querido por sus traumas, por sus demonios, por sus sombras. Quiero dar voz a hombres y mujeres reales, que pueden tener situaciones difíciles, como los personajes de mi próxima novela, ¿Has visto cómo llueven las flores?, pero que los asuman, los superen y enfrenten los temas que van más allá del amor. Y hablo de sexo, o mejor dicho, ellos hablan de sexo, y se provocan, y se desean, y se desnudan, pero en igualdad de condiciones, sin vergüenza o con, pero turnándose los roles, que los hombres también son tímidos, aunque a veces se nos olvide y cree tal impacto romper el prototipo que, como decía África Ruh, encontrarnos personajes honrados, vírgenes y buenos como Jamie Fraser, nos haga sorprendernos y, al mismo tiempo, valorar ese nuevo modelo.

Porque, queridos lectores, valiente estupidez hablar de amor y creer que el amor no son todas estas cosas y muchas más. Amor es abrir el diccionario por cualquier letra y encontrar una respuesta a una pregunta que debemos formularnos antes, y cuantas más preguntas nos hagamos, más contestaciones daremos, más reflexiones, más ideas, más libertades, más conciencia, más hombres, más mujeres, más amor y más sexo.

¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?

¡Abrazos macondianos!

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2 comentarios

  1. Mi premisa básica a la hora de imaginar una parejas protagonista es que nunca se falten el respeto, jamás. Ni él a ella ni ella a él. A partir de ahí, me los imagino siempre como personas de las que puedo encontrar a mi alrededor, gente corriente. Cada cual con su personalidad y circunstancias, ni más ni menos que como cualquiera de nosotros.
    Interesantísima entrada, gracias por tu reflexión.

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  2. Intento crear personajes de carne y hueso, con todas las contradicciones que eso implica. Y, cuando escribo contemporánea, intento que pertenezcan a su tiempo. La literatura es testimonio de la realidad y como tal es necesario que se mantenga fiel a ella. Piensa en lo que explicas a diario: todo era representativo de su momento. Si idealizamos, si repetimos clichés porque funcionan, pues bien, pero no creo que este género se respete nunca. Somos (repito lo que dicen los libros de texto de algunas editoriales) subliteratura. En nuestras manos está cambiar esto, pero va a costar.

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