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Juan Bañuelos: versos para Tlatelolco

‘Juan Bañuelos ante Tlatelolco: recuperación del pasado prehispánico en los versos de No consta en actas’ es un trabajo que acaba de publicar en Cuba la revista Casa de las Américas y que podéis encontrar AQUÍ.

Los argumentos que presento en estas páginas forman parte de un proyecto mayor, en construcción, que pretende analizar las escrituras que diversos autores han propuesto de los acontecimientos de 1968, a partir de uno de los grandes temas de interpretación de la intelectualidad mexicana, relacionado con la relectura de la tragedia a la luz de la recuperación de la historia del país en torno al espacio simbólico de Tlatelolco, emblema de la herencia mexica y lugar de sacrificios humanos y batallas perdidas, pues fue allí donde, entre otros episodios, los hombres de Hernán Cortés apresaron a Cuauhtémoc el día de San Hipólito de 1521, dando lugar, como reza uno de los monolitos de la plaza, al doloroso nacimiento del México mestizo.

El poema de Juan Bañuelos es uno de los testimonios más extraordinarios en esta línea, y aquí transcribo el primer fragmento, en el que se recrea el conocido poema de los icnocuicatls o cantos tristes de la conquista que editara Miguel León-Portilla en 1959 en Visión de los vencidos, con traducciones de Ángel María Garibay. La actualización significativa radica en la reescritura de estos versos, que hablan de la derrota en 1521, cuando las tropas cartesianas asolaron la ciudad de Tenochtitlán para fundar la nueva ciudad de los conquistadores, actualizando los verbos al presente: ‘Y es nuestra herencia una red de agujeros’:

 

NO CONSTA EN ACTAS (Tlatelolco, 1520-1968)

A Octavio Paz

Oh, bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas / ahora?

¿Todo es igual acaso? ¿Tengo que repetir
lo que el augur grabó en el silencio de la piedra curtida por el viento?

«…esparcidos están los cabellos, destechadas las casas,
enrojecidos sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas
y en las paredes están salpicados los sesos;

masticamos salitre, el agua se ha acedado. Esto ha hecho el Dador de Tlatelolco,

cuando nuestra herencia es una red de agujeros».

¿Todo es igual que ayer, entonces?

¿Ensartaremos cráneos como cuentas

y se ha de repetir lo que el augur grabó en el silencio de la piedra?

¿Con coágulos de sangre escribiremos México?

Yo el residuo, el superviviente, hablo:

los comienzos de los caminos
están llenos de gente.

No haremos diálogo con la Casa de la Niebla.

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