CREAdores Letras para el café

En la parada del autobús

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que vuestra imaginación va más rápida que vosotros? ¿De que sois protagonistas de historias que nunca han sucedido ni sucederán? ¿Habéis dedicado horas a darle vueltas a una ensoñación para luego despediros de ella? Si es así, también sabréis lo duro que es aterrizar y volver a entrar en vuestras zapatillas mojadas por la lluvia, aspirar el aroma a tabaco del caballero que espera el autobús junto a vosotros y sufrir la novena sinfonía del tráfico de las cinco...

¡Hola, viandantes de Berlín!

Al teclado, Rocío. Podría haberme inventado un nombre así, tirando a original, pero me temo que ando escasa de imaginación para tales menesteres. Y ya que hablamos de esto, quisiera plantearos una pregunta en esta entrada de presentación.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que vuestra imaginación va más rápida que vosotros? ¿De que sois protagonistas de historias que nunca han sucedido ni sucederán? ¿Habéis dedicado horas a darle vueltas a una ensoñación para luego despediros de ella? Si es así, también sabréis lo duro que es aterrizar y volver a entrar en vuestras zapatillas mojadas por la lluvia, aspirar el aroma a tabaco del caballero que espera el autobús junto a vosotros y sufrir la novena sinfonía del tráfico de las cinco.

Yo también he vivido eso. De hecho, es algo que hago continuamente; cuando la realidad me supera. Me encanta porque no es solo un medio de evasión. De hecho, esa faceta de la imaginación es criticada habitualmente: siempre estás en las nubes, pon los pies en la tierra, madura de una vez… son frases que a todos nos han dicho -y todos hemos reproducido- alguna vez. Al principio -algunas veces-, hacía caso; pero luego pensé “¿para qué?”. No sé si fue una necesidad de expresión o un acto de rebeldía, pero comencé a escribir esas escenas, esas historias. A veces, ni siquiera son mías; a veces, ni siquiera llegaron a existir.

Aquí tendréis historias, tan reales como vuestra mente quiera que sean. Relatos basados en pensamientos, en efímeros momentos diarios que han pasado ante mis ojos, tal vez en invenciones sobre la vida de esa persona que se ha sentado en la fila de detrás en el cine. Serán nuestras letras para el café: esas que se empiezan a leer en un momento de tranquilidad, quizás en una tarde lluviosa, y que luego son arrastradas cual gotas de lluvia en los cristales por otras cosas; tal vez, el canto de un pájaro, o vuestro gato saltando sobre el sofá; puede que solo vuestra bebida enfriándose o -¿quién sabe?-, vuestros propios relatos. Si eso sucede, valdrá la pena.

rocio

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