Santa Poesía Buena, mártir

No puedo explicar la poesía. No puedo, no quiero, como diría Daniel Sánchez Arévalo en boca de alguno de sus personajes. ¿Por qué? Simple y llanamente debido a que desconozco cómo hacerlo. ¿Se explica o se siente? Quizá tenga algo que ver con esa pregunta mi constante precaución por el tema. Y si explico los significados que guarda un poema, ¿acaso no estoy limitando las interpretaciones que hagan mis alumnos? Por no hablar de que lo primero que se escucha al nombrar «poesía» es un prolongado suspiro de desencanto seguido de frases como: «¿Y eso para qué sirve?» o «No entiendo qué mierda quiere decir esto». Así, sin vaselina ni miramientos. ¿Y qué hacemos en ese caso? ¿Contamos anécdotas de la vida del autor? Probablemente, si lo hacemos, surgirán otras interrogantes: ¿Eso se estudia?, ¿tengo que saberme las fechas de nacimiento y muerte?, ¿qué subrayamos?

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