Entrada fija

Los desencuentros

“Te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma.” (Pablo Neruda_Soneto XVII) He vuelto a perder el tren en el que va. Tendré que tomar otro. No soy de quedarme a esperar. Nuestros trenes se cruzan en contadas ocasiones y siempre llenas de desencuentros. Hace ya bastante que me invitó a subirme por primera vez, y no lo hice. … Continúa leyendo Los desencuentros

Estando fuera

Ya me pasó una vez y no le di importancia. Fue en la gala de fin de curso de danza. Todos en la compañía estábamos muy nerviosos tras el telón, algunos nos pellizcábamos entre nosotros, otros se apretaban las manos, los dientes, las uñas, otros caminaban en círculos pisándose los pies… Llegó nuestro turno. Luces, humo, música. No recuerdo nada más. La actuación ha quedado … Continúa leyendo Estando fuera

Levedad

La luz blanca cegadora del hongo estalló. No sé qué ha sido de los niños y niñas. Los patios de colegio están arrasados, vacíos, ya nunca más harán hojitas marrones para el otoño ni copos de nieve para la navidad, la-te-es-u-na-se-ño-ri-ta-con-som-bre-ro… El monte está pelado de árboles, la roca madre grita desnuda, avergonzada, como la fechoría de un callejón. ¡Ah! Los niños y niñas… cómo … Continúa leyendo Levedad

Quién sabe si la noche…

Dime, ¿para ti qué es el amor? Una trampa para pájaros. ¿De verdad? Sí. Pues para mí es eso que dicen los poetas. A esos les gusta mucho mentir. Bueno quizá, pero hay una cosa en la que sí tienen razón. ¿En qué? En que no lo puedes vivir en soledad. Adrift, 1982. Tempera en tablero (70×70 cm).  Andrew Wyeth (1917-2009). Colección privada.  Continúa leyendo Quién sabe si la noche…

Pájaros de tinta

Tenía una mota de tinta en la mejilla, pequeña, graciosa como el lunar pintado de una flamenca. Sonreí y pasé el dedo pulgar por aquel puntito queriendo inútilmente eliminarlo. Entonces, también sonrió y de su cabeza salió una bandada de pájaros negros, enormes, que luchaban por desenredarse de los cabellos. Alzaron el vuelo muy alto con ajetreo de plumas que cortaban el aire hasta convertirse … Continúa leyendo Pájaros de tinta

Lo único que queda

—Hacía tiempo, ¿no? —Da gusto verte, estás como siempre. —Más vieja. —Más guapa. No me mires así. Es la verdad. —¿Qué te apetece tomar? —No sé. Déjame ver la carta. —Me sorprende que hayas querido quedar. —Quería verte. Como tú dijiste: hacía tiempo, ¿no? —Se me hace raro. —Y a mí. Me estoy conteniendo. —¡Anda ya! Siempre tan exagerado. —Es la verdad. —¿Y cómo te … Continúa leyendo Lo único que queda