Noches verdes

Hay hielo y el cielo está agrietado, luminiscente, verde. De su nariz roja y redonda sale vaho denso. Tiene un hacha con la que corta troncos de un solo golpe sobre un yunque de madera. No lleva camisa y el pantalón está cortado, deshilachado, por debajo de las rodillas. Suda, la espalda le brilla. La pila de leña va subiendo a cada estallido que rebota en el silencio de la noche verde. Detrás del leñador, una bombilla oscila titilante en el techo del porche, el resto de la casa devuelve la cara triste de una bestia desdentada: ventanas y puertas abiertas y negras. El cielo ilumina la nieve como césped fluorescente.

Deja el hacha con la hoja hacia abajo inclinada sobre la base del yunque. Despacio, carga los leños partidos en su regazo como si fueran bebés. Hace tres viajes al interior de la casa, entra con los brazos llenos, sale de vacío. Recoge los últimos trozos de madera, se escucha un crujido de rama pisada, levanta la cabeza en un movimiento rapaz, su nariz roja aspira fuerte dos veces. Por la esquina del porche aparece la silueta de un hombre con anorak amarillo y una mochila en la espalda que le asoma muy por encima de la cabeza. Se aproxima lentamente al leñador hasta quedarse a su lado: «¿Sabría usted indicarme si voy bien para Akureyri?». El leñador no ha movido un músculo, la espalda brillante al relente de la noche, la nariz roja apuntando al anorak.

Silencio. La nariz emblanquece. Los últimos leños caen de los brazos del leñador con sonido sordo amortiguado por la nieve verde. Da media vuelta y se mete en la casa. Cierra puertas y ventanas. La bestia desdentada ahora es un saco de esparto con los listones torcidos, a medio hacer. El hombre del anorak amarillo se encoge de hombros y continúa su camino lento y pesado con la mochila oscilando sobre su cabeza tenuemente alumbrado por la bombilla del porche. El anorak se hace más pequeño en la distancia, pasa del amarillo al verde, después al negro. Ahora es un punto perdido en el horizonte. Hay hielo y el cielo está agrietado, luminiscente, verde como el reflejo de la hoja del hacha sobre el yunque de madera.

Aurora boreal, 1865. Óleo sobre lienzo (1’42 x 2’12 m). Frederic Edwin Church (1826-1900). Museo Smithsoniano de Arte Americano, Washington D.C

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s