Se tuvieron animales

Mi mamá me dijo: «Esa falda es muy corta, atraerás a los cocodrilos». No escuché la advertencia, ¿acaso no era un cocodrilo yo también? De todos modos, a mí no me pareció un cocodrilo, tenía los dientes pequeños cuando sonreía. Me dijo: «Así está más rico». Yo le creí, porque era verdad, así estaba mucho más rico. Después, manché mis braguitas de azul y mi mamá: «Te quedaste de huevo». Me encogí de hombros, ¿acaso no es algo natural? Fui a contarle a él sobre nuestro huevito y su mamá: «No, no, eso no fue culpa de mi niño. Vete de aquí». Por supuesto, me fui y me escondí en mi madriguera. El vientre se me endureció y ya no podía apenas levantarme. Reptaba por el suelo arrastrando las patas traseras, tampoco podía levantar la cabeza. Mi mamá decía: «Ya pronto vendrá. A ver qué haremos, entonces». Yo me entristecía y pensaba en la carnaza triturada para dar de comer a los otros cocodrilos del estanque.

Desovar fue doloroso. Mi abdomen duro se contraía en bruscas ondulaciones para ayudar con la expulsión. Al final del tremendo esfuerzo arrojé un huevo blanco envuelto en una mucosa azulona y morada. Me desplomé al lado de mi huevito y mi mamá: «Bueno, ya está. Ya ves que no fue para tanto». No dije nada porque me desmayé. Para cuando desperté el huevo había eclosionado y mi cría no estaba a mi lado. Pregunté a mamá: «Ya, niña, ya. Prepárate que pronto nos traerán de comer». La comida venía cruda mediante un sistema de poleas y cuerdas. En medio del agua verde, soltaban cuerpos medio desmenuzados que caían con estruendo. Otras veces no caían, los cocodrilos de la cueva saltaban para cogerla en el aire abriendo las mandíbulas como tenazas gigantes. Yo no tenía hambre. Algunos se pelaron por la misma pieza, mi mamá embistió a dos o tres para llevarse un trozo extra. Pero a mí eso me daba igual, me quedé quieta donde había estado mi huevito, donde todavía quedaban las manchas azules, y solo lo miraba a él con sus dientes pequeños y su sonrisa desde el otro lado de los barrotes.

Casting the Net, 1914. Óleo sobre lienzo. Suzanne Valadon (1865-1938). Centro Pompidou, París. Posimpresionismo y simbolismo

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