Por fuera de la línea

Tres o cuatro gatos han sido encerrados en el patio, exiliados del hogar. El patio tiene un alto laurel de tronco gordo y ramas abundantes y tiesas que apuntan al cielo saltando muy por encima de la tapia de ladrillo rojo descascarillado. La tapia, aunque superada por el laurel, es alta, infinita, los gatos no la pueden trepar. Tampoco pueden subir por el laurel porque sus hojas oscuras y amplias como manos les lijan las patitas. El patio es grande y de tierra, pero el sol calienta demasiado por el día y el laurel pegado a la tapia no da sombra. Por la noche se llega a bajo cero, el laurel se pone blanco y la tapia resbala todavía más. Pero uno de los gatos, el jefe, es listo y ha enseñado al resto una grieta, un agujero por el que se escapan los ratones. Pronto, los tres o cuatro en equipo escarban la arenilla roja del ladrillo y el agujero se agranda hasta alcanzar el disimulado tamaño de sus cuerpos sigilosos. Los gatos se van. Recorren el pueblo mordiéndose las orejas unos a otros por la euforia, disfrutan de su libertad, se sientan en una sombra y resoplan al aire de fuera de los muros, beben aquí y duermen allá. Pero a la noche ningún portal les guarece, la calle es dura y el asfalto demasiado negro. Deciden volver y lo hacen por el agujerito de la tapia.

Retrato de la madre del artista (1871). Óleo sobre lienzo (144,3 × 163 cm). James McNeill Whistler (1834-1903). Museo de Orsay.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s