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Considerando en frío, imparcialmente…

Recupero un texto de abril de 2014, publicado en Amanece Metrópolis sobre César Vallejo, el poeta de América, ahora que se acerca un 2018 en el que se cumplen 80 años de su muerte temprana. Considerando en frío, imparcialmente es uno de los poemas más célebres del escritor peruano, aparecido en Poemas humanos, impreso después de su muerte. Los grandes textos soportan su lectura con el avance de la historia. Aquí un gran ejemplo.

Escribía José Emilio Pacheco, poeta mexicano, sobre César Vallejo un poema en el que recuerda el maltrato que el poeta peruano sufrió durante buena parte de su vida, de cómo el tiempo convierte en héroes aquellos que en su tiempo fueron parias. “Es un orgullo para el continente”, gritarán años después.

César Vallejo es una de las figuras decisivas del pensamiento iberoamericano del siglo XX, qué duda cabe. La honda pulsión de Los heraldos negros (1918), donde los bárbaros atilas del Modernismo conviven con el ruido del pan crepitando frente a un horno, quemándose, inició una trayectoria de poesía humana y humanista, de recaste del hombre y sus palpitaciones que tuvo en su vida personal verdades y falacias decisivas para la deshumanización del arte, para la autopsia del surrealismo, para la superación de los juegos experimentales de la Vanguardia, “el juego de hacer de versos, que no es un juego” y para la reclamación de una experiencia, un sencillismo y una desnudez retórica y sentimental que culminó en los versos políticos de España, aparta de mí este cáliz y de los Poemas humanos.

Frente a la visión culturalista del arte, de la vida, Vallejo antepuso la visión política, social, de la misma. Pasó por la cárcel, conoció el gran París de las Vanguardias, donde fundó alguna revista, combatió el surrealismo, comulgó con el marxismo y murió un jueves cualquiera, una tarde en París con aguacero.

Sus textos son, junto con los de Neruda, los más versionados por cantautores, cantantes y cuentacuentos y recitadores. Estos días encontré este documento maravilloso de Ernesto ché Guevara recitando el poema “Los heraldos negros”, sabiendo de la muerte próxima, rememorando luchas, pesimismos y herencias, que me apetece compartir con vosotros.

Os animo a leer a Vallejo, del que sería difícil elegir un poema. Hoy nos reímos con el sexo agónico de Trilce, leíamos las preguntas que atacaban a la Vanguardia y recuperábamos este abrazo, emocionado, al hombre, en este tiempo hostil, propicio al odio. Mejor sin egoísmos, sin banderas, el hombre solo, emocionado:

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

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2 comentarios

  1. Uno de sus mejores poemas, de seguro. Hace una semana lo compartia entre algunos que le hacen su rechazo; poetas. Me resulta incomprensible, pero no los presiono, ya les iré compartiendo más de sus poemas, y quizás ahora les lea su entrada. Gracias anticipadas, gracias también por la referencia al poema de Pacheco. Saludos.

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