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Un 19 de marzo cualquiera…

Todos tenemos un viejo sitio al que volver, donde todo comenzó y nada terminó. Para algunos es un país donde vivieron, una cultura que les transformó…Para otros se trata de una casa, un hogar donde compartieron cobijo, comidas, risas y enfados, y hay para quien puede ser un rincón, un bar, una calle, un banco en un parque…
“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida y entonces 
comprende cómo están de ausentes las cosas queridas”

(Chavela Vargas)

silla vacía con firma 2

Todos tenemos un viejo sitio al que volver, donde todo comenzó y nada terminó. Para algunos es un país donde vivieron, una cultura que les transformó…Para otros se trata de una casa, un hogar donde compartieron cobijo, comidas, risas y enfados, y hay para quien puede ser un rincón, un bar, una calle, un banco en un parque…En nuestra psique ese lugar siempre quedará grabado a fuego, despertando recuerdos cada vez que una persona, un aroma, una frase o una canción nos transportan rápidamente a esas coordenadas geográficas.

Hay quien decide no volver nunca allí, se conforman con visitarlo de tanto en tanto a través de recuerdos o sueños nocturnos de esos que se tornan borrosos y confusos al amanecer. Quizás por miedo a la nostalgia, por temor a abrir la caja de Pandora y no saberse capaz de volverla a cerrar.

Otros…sí volvemos. Nos gusta pisar ese sitio. Entrar, sentarnos con el silencio, respirar y sentir. Puede que esa casa esté ahora algo vacía, pero si cierro los ojos los siento a todos allí. En esa silla se dejaban juguetes, bolsas de la compra, abrigos, enredos varios. En esa silla se sentaron corazones que ya no laten pero que igualmente siento cerca y también personas que escucho como si se tratara de ayer: “nena pásame eso”, “no dejéis eso ahí en medio”, “llama a tus primos para comer”, “pregunta a los abuelos si quieren aperitivo”, “¿hay cerveza en la nevera?”, “no queda agua en la despensa”, “¿dónde está tu hermana?”, “no os peleéis”, “¡para sentaros a la mesa os quitáis los patines!”…

Son muchas las escenas que recorren mi mente cuando vuelvo allí. Pero solo una fecha en el calendario de cualquier año consigue dibujar una sonrisa en mí. Y es que, en ese lugar, un 19 de marzo cualquiera muchos padres brindaban juntos por serlo. Un 19 de marzo cualquiera tres mujeres de tres generaciones distintas se felicitaban por su nombre. Un 19 de marzo cualquiera dos recordaban que una vez se casaron. Sí, un 19 de marzo cualquiera la familia se reunía allí y todos reíamos cuestionando si era posible concentrar más celebraciones en una sola fecha.

Cierto, algunos de ellos ya no están y el resto seguimos caminando, pero esa casa y esa silla son imperecederas. Y solo ellas fueron imperturbables testigos de los momentos compartidos. Cada año encuentro un nuevo 19 de marzo, pero cualquier 19 de marzo pasado fue mejor. Mas solo tengo que volver a ese lugar, cerrar los ojos para no ver sino escuchar, y otro 19 de marzo cualquiera puedo creer que vuelvo a celebrar.

 

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