TranseÚntes VidasCruzadas

Esperanza

Último tren de la noche, 21.30. Estoy a punto de irme a casa, nadie ha llamado mi atención. Turistas que vienen a Alicante, chancletas y gafas de sol, nada interesante.

Pero me equivocaba, entre la multitud apareció ella. Dos maletas, una mochila y una expresión de autentico pavor.

De repente, deja su equipaje en el suelo, mira hacia los dos lados, cierra los ojos y respira hondo. Al abrirlos, su expresión ha cambiado por completo. Ya no hay miedo, ahora veo valentía. La valentía de una mujer que ha decidido apostar por una nueva vida, por su independencia y su futuro.

Se enfrenta ella sola a lo desconocido. No sabe que le esperan noches de soledad, de tristeza, de penas y llantos. Pero tampoco sabe que le esperan días de alegrías, de amor a la vida y de esperanza. Días en los que recordará como dio un paso adelante y se subió a ese tren con destino a su futuro.

La admiro. Aplaudo en mi interior su decisión. Y por una sola vez me salto las reglas. Me acerco a ella, le doy mi mano y le digo: Suerte, todo irá bien.

Me marcho hacia casa con la sensación de haber conocido a tres extraños. Quizás nada de lo que me he imaginado es realidad, a lo mejor sus vidas son totalmente diferentes. Pero esa es la magia de una estación de tren. Cada uno escribimos que vía tomará nuestro propio destino.

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