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Mujeres silenciosas

Mire donde mire veo mujeres luchando. Están en todas partes y a diario, aunque nadie parece verlas. Creo que es porque no llevan espadas, ni escudos, ni capas. Qué locura, qué osadía…¡luchan desarmadas! Y si observas bien, apreciarás también que la mayoría encara sus batallas en silencio...
"No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino sobre sí mismas"

                                  (Mary Wollstonecraft)

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Mire donde mire veo mujeres luchando. Están en todas partes y a diario, aunque nadie parece verlas. Creo que es porque no llevan espadas, ni escudos, ni capas. Qué locura, qué osadía…¡luchan desarmadas! Y si observas bien, apreciarás también que la mayoría encara sus batallas en silencio.

A menudo, el mundo las infravalora para que, con un poco de suerte, dejen de prosperar, de brillar…de “amenazar” aquel cuento que nos contaron y quieren seguir contando. Quizás por eso su táctica bélica de supervivencia se base en el silencio. Y es que en silencio luchan “mis mujeres”…

Conozco a un tipo de mujer que no se rindió cuando la crisis económica ató de pies y manos a sus padres y ella los ayudó cambiando su hoja de ruta, porque también ha habido mucho de eso y no solo padres volviendo a abrir puertas a hijos pródigos. Alabo a esa otra mujer que, mientras trabaja y educa hijos, estudia ahora porque antes no pudo o no supo. Admiro a una señora que con 69 años entra en su primer día de clase en la universidad, aprieta dientes y se dice a sí misma que por fin va a estudiar aunque sea pasando algo de vergüenza entre chavales e intentando averiguar qué es eso del “aula virtual” donde el profesor dice que colgará los apuntes. Contemplo incrédula a la mujer que ha estado lidiando con un trabajo, un embarazo, un parto, una crianza…al tiempo que escribía una tesis doctoral. Envidio la fuerza de esa mujer menuda pero fuerte como una roca que sabe poner a cada uno en su lugar, luchar siempre por sus principios y nunca aceptar un no como primera y única opción. Adoro la determinación de una mujer inconformista con la vida, que cual felina la desafía esperando a su presa en el momento oportuno y no en el que otros lo ansían. Sonrío de orgullo al ser testigo de los pasos de gigante de la mujer que se integra en una cultura diferente y afronta allí, con ojos llenos de ilusión y una amplia sonrisa, desafíos vitales que otros evitarían desde esa aparente conformidad que suele vestir al miedo. Sigo con orgullo a una clase de mujer que cada día aprende a decir más y mejor “aquí estoy yo y sé lo que valgo”. Busco entre rutinas la compañía de aquella que descubrió la mujer que no fue pero ya es, y lo disfruta. Deseo parecerme a una mujer que regala sonrisas a coste cero, que aprecia y valora detalles ínfimos que otros dejamos caer en el saco del “no tengo tiempo” y que se come literalmente a bocados los meses del calendario, porque vive al día con más energía y vitalidad que cualquier otra persona en el mundo con mejor salud que ella. Presencio cual testigo incrédula cómo mujeres se reconstruyeron a sí mismas, pedazo a pedazo, saliendo de una vida infeliz sin mirar atrás y volviendo a esa arriesgada apuesta del “todo al rojo”, volviendo a creer y sentir, volviendo aun sabiendo que es posible volver a perder y sufrir. Aplaudo el valor de una mujer que salió de la boca del lobo, dio portazo a quienes le hacían creer que ése era su sitio, era donde debía estar y estaría siempre, pero se alejó de sus demonios y hoy sonríe junto a estrellas y gatos azules. Ensalzo la templanza de otra mujer que, entre quirófanos, guardias y congresos, a veces desearía que el día tuviera más horas o quizás no…ésa que entre sueños y desvelos no renuncia a ser Mujer, ser Madre y ser Médico; y lo hace todo con “M”, “M” de mérito. Reflexiono sobre cómo aprender de una mujer vital y pizpireta, hecha a sí misma, que no solo no desfallece cuidando de su madre sino que logra cumplir con talento todas las metas que se merece. Quiero también esa poción mágica que alimenta a la mujer universitaria que decidió continuar estudiando hasta tres veces y seguro trabajará por eso tan difícil de humanizar una sanidad que no siempre miró a los nuestros como personas antes de bajarse exhaustos del tren.

Todas tienen algo en común, se llama coraje. Ése que sale del corazón. Ése que bulle dentro de todas y las mantiene a flote, independientes, inteligentes, fuertes y decididas.

Mujeres sin capa.

Mujeres con coraje.

Mujeres silenciosas.

Mis mujeres.

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